Los espejos

Los espejos brillaban de manera glamorosa. Las gentes se miraban, se reconocían y se lucían. Gentes de todo tipo. Gentes lindas y gentes feas; altas, bajas, de cabezas grandes y de sonrisas sin dientes. Gentes elegantes y gentes de ojos tristes. Y así desfilaban continuamente. Muchas gentes, en masas. Gentes de amontones. Los espejos se mantuvieron firmes. Inmutables nunca dejaron de brillar. Con todos los ojos clavados en ellos pero siendo conscientes de que nunca serían observados. A las gentes no les interesan los espejos en sí, sino sólo lo que quieren reflejar.



15-3-2010 Bahía Blanca, Argentina

Voltereta

Lo que antaño lejano,

fue palpable

y nuevamente distante.


Ya habían caducado los días ansiados

y vuelto a arrugarse los ancianos.


Ya no había aviones

ni barcos, ni camiones.


En cajas abiertas

fotografías, letras, marcas.


La cuestión:

Butterfly o larva.

¿Cómo encarrilar este tren de carga?



15-3-2010 Bahía Blanca, Argentina

Esa rara vieja sensación

Los dadores estaban enfilados como sabiendo que el final era irrepetible. La enfermera de turno comía una manzana color verde y repetía una y otra vez que el azar reinaba al tiempo y al espacio. El hospital atesoraba secretamente los pensamientos de sus inquilinos de paso y en el ambiente se podía respirar el noaire. Algún que otro doctor dejaba caer su bata mientras balbuceaba una improvisada especie de rezo para poder volver a inhalar. Todo se volvía aséptico y geométricamente cuadrado. Impenetrable. Insípido. Yo por las dudas me quedé escondido detrás de cualquier armario ubicado dentro de cualquier consultorio. Vaya uno a saber



3-2-2010 Bahía Blanca, Argentina

Cajón amarillo

El lugar ya lo había conocido aquella vez que acompañé a Lucho (mi amigo que encontré de mochila en Iruya). Hoy regresé. El cajón de fantasía decora una de las esquinas entre Sarmiento y Jean Jaures en pleno corazón arrabalero del Abasto, tierra de Gardel. La excusa fue la literatura. Allí estaba Víctor. Los libros se imponían y a la vez se perdían entre el amarillo y el aroma a papel con historia. Café de por medio Víctor me contó como la poliomielitis lo dejó más que rengo y como se las ingenió para militar en sus años de estudiante de psicología. Las historias iban, venían e iban. Las letras se amigaban formando frases y las frases se volvían cruces, marcas. Las horas quedaron peleando las últimas posiciones. La tarde me adormeció bajo el manto de un Buenos Aires madraza. Eso es el barrio, la ciudad. La vida. De souvenir me llevé algo de Kundera.

12-12-2009 Buenos Aires, Argentina